Cristina Rivera Garza, diálogo entre ciencia y creación literaria
Cristina Rivera Garza nació en Matamoros, Tamaulipas, y reside actualmente en San Diego-Tijuana. Es autora de una obra prolífica y multidisciplinaria en…
Cristina Rivera Garza nació en Matamoros, Tamaulipas, y reside actualmente en San Diego-Tijuana. Es autora de una obra prolífica y multidisciplinaria en novela, cuento, poesía y ensayo, además de ser la actual directora del MFA Program in Creative Writing de la Universidad de California, San Diego, Estados Unidos.
Para la escritora mexicana, “la ciencia y la creación literaria confluyen definitivamente, se puede decir que en un contexto interdisciplinario. Lo importante de ese continuo diálogo entre distintas disciplinas, es que permite que tus preguntas sean mucho más amplias y que consideres interrogantes desde distintos puntos de vista”, expresó en entrevista.
Rivera Garza estudió sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un doctorado en Historia Latinoamericana en la Universidad de Houston, en donde inició su carrera como profesora. “Yo hago creación literaria. Lo primero ha sido escribir, nunca quise estudiar literatura formalmente porque sabía que eso, como quiera, lo iba a estar leyendo siempre, entonces necesitaba herramientas de otras disciplinas, como modos de preguntar una vez más, de interrogar de manera distinta”, expresó.
Su obra más premiada, Nadie me verá llorar, obtuvo el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1997 y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, el mismo año, y contiene hechos reales de las historias médicas de habitantes del manicomio de La Castañeda. Justamente, el origen de Nadie me verá llorar es la tesis doctoral de la autora. El libro contiene detalles propios de una investigación documental ardua alrededor del manicomio, que es uno de los escenarios del relato.
“Para escribir libros que finalmente he estado haciendo, tenía que prepararme de múltiples maneras, y no nada más en lo literario. Lo literario lo disfruto mucho, hay experiencias de lectura fundamentales, pero también las hay desde la filosofía, la sociología y desde la historia”, comentó la autora.
La experiencia del historiador, dijo, es tener un contacto directo con documentos de archivo, “en donde han quedado plasmadas las escrituras de aquellos que no publican, en hospitales, en cárceles, es en donde quedan esas voces que no alcanzamos a oír. En ese contacto, el historiador está participando de un diálogo fantasmagórico pero también muy carnal con lo que forma el contexto de nuestra experiencia en el presente”.
Ese mismo “diálogo fantasmagórico” se percibe en los personajes de la novela, “es el contacto con formas concretas, con voces que se originan en distintos puntos del planeta, del lenguaje del tiempo, y lo que el historiador hace es usar sus herramientas para tener un diálogo siempre contemporáneo y creo que eso le conviene mucho a la literatura”, expresó.
Para Rivera Garza, la ciencia contribuye a “expandir nuestro campo de visión, hace que las cosas sean más complicadas, más completas, no menos, pero eso siempre le conviene a la literatura”.
La escritora matamorense se presentó en el marco del II Festival Internacional El Gran México: Las culturas mexicanas más allá de las fronteras; realizado en el Colegio de la Frontera Norte (Colef) y el Centro Cultural Tijuana el mes de septiembre.
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