La calle Charles Darwin, en el Distrito Federal

Por Ana Luisa Guerrero

Un camellón arbolado y florido delinea la calle Charles Darwin, de la colonia Anzures en el Distrito Federal, que recuerda la fascinación por la biología que sentía el naturalista inglés que estremeció a la comunidad científica del siglo XIX con la publicación de sus teorías del origen de las especies a través de la selección natural.

Esta vialidad en la que convergen lo mismo casas, comercios, oficinas y hasta restaurantes recuerdan la figura de quien, por sus trabajos, colaboró a la fundación de la biología como ciencia.

De familia adinerada, Charles Darwin dejó sus estudios de Medicina en la Universidad de Edimburgo, Escocia, tras su rechazo a las operaciones quirúrgicas de la época sin el uso del cloroformo. Su pasión por las ciencias naturales lo llevó a estudiar en la Universidad de Cambridge y a dedicarse a la investigación de los seres vivos para explicar su origen y evolución.

En 1838 presentó su teoría de la selección natural y en 1859 publicó “El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, o la Preservación de las Razas Preferidas en la Lucha por la Vida”, en el que plantea que los organismos compiten por la sobrevivencia y sólo aquellos que se adaptan mejor al ambiente obtienen más recursos y se reproducen más y mejor.

Además explicó que la diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de varias generaciones, en tanto que organismos semejantes tienen un antepasado común, y deducía que esta premisa aplica para todos los mamíferos, incluso el hombre.

Estos planteamientos provocaron gran impacto en la sociedad al dejar de lado la teoría creacionista del origen sobrenatural de la vida, las especies y los seres humanos.

Darwin asentó la mayoría de sus estudios en los diarios de viaje a bordo del bergantín Beagle, durante cinco años por las costas de Sudamérica, las islas Galápagos, Tahití, Australia, Nueva Zelanda, Tasmania, la isla de Keeling, Brasil y las Azores.

En su travesía hizo estudios de botánica y geología, además de analizar la vida silvestre de la región y de recopilar numerosos especímenes de animales, plantas y fósiles.

El padre de la Teoría de la Evolución murió en 1882 y sus restos reposan en la abadía londinense de Westminster.

 

 



Agencia Informativa Conacyt

 

Search Mobile